Buenos Aires siempre estuvo cerca

Como deben estar diciendo allá con Valientes… MOMENTOS CULMINANTES… Ya me estoy por volver a los pagos… A partir de marzo me mudo, dejo Sao Paulo… Y creo que vuelve este blog aunque debería pensar como lo revivo… Tengo algunos pensamientos difusos, poco precisos… Ya se vera

Dejo fotos del casamiento de Peter

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Cosa de Viejos

Ayer o antes de ayer, estaba hablando con mi vieja por teléfono y hablábamos de mi abuela, que tiene 84 años, vive sola, y hace unos días se cayó y se lastimó feo la pierna.

Ya hace un tiempo que pensamos que es mejor que mi abuela se vaya a vivir a la casa de mis viejos, para tenerla más cerca y poder cuidarla, que no esté sola. Pero ella no quiere de ninguna manera.

Hoy, estaba intentando dormirme, sin demasiada preocupación porque mañana es feriado y no tengo que levantarme a ninguna hora en especial, y de repente algunas imágenes y cosas empezaron a cruzarse por mi cabeza. No estoy seguro por qué, pero tal vez esté intentando entender a mi abuela.

No me es posible describir con lujo de detalle las imágenes y pensamientos porque la estructura fue un poco onírica (o sea que no tenían mucha estructura). Pero, si no recuerdo mal, la imagen que disparó todo o empezó a “conectar” fue la de un racimo de uvas colgando de una parra.

Hace unas semanas tuve una reunión de trabajo en Mendoza, y nos llevaron a un restaurante que tenía un patio, y me encontre debajo de una parra, en puntas de pie, estirándome para alcanzar las uvas y arrancarlas.

Esa situación me transportó inmediatamente a mi infancia: la única parra que yo había conocido en mis casi 31 años de vida, estaba en el patio de la casa de mi abuela. El patio que cada verano se techaba con las hojas de parra y las uvas. El patio que era el lugar de encuentro obligado para el asado o la pasta de los domingos.

En ese lugar, yo me subía a la escalera que lleva a la terraza, y a través de la varanda me estiraba hasta agarrar las uvas y arrancarlas. O cuando era el “día de la cosecha” veía al abuelo José con la escalera plegable y la tijera de podar, y me quedaba mirando desde abajo con el tupper en el que juntábamos las uvas. Creo que recién como a los 10 años, cuando alcancé una altura razonable, pude acceder a cortarlas yo mismo mientras el abuelo me sostenía la escalera.

Pero esa parra, ya hace varios años se secó. Será porque algunos años antes, había dejado de existir el encuentro de los domingos -nadie (o al menos yo) sabe muy bien por qué-.

Ayer o antes de ayer, en la misma conversación con mi vieja, así, como al pasar, me dijo que Marta había cerrado el kiosco.

Mi abuela vive en una esquina, con la puerta principal por la calle Rotterdam y la salida de atrás, que da a la calle Ortega y Gasset. La verdad que para mí siempre fue al revés: la entrada principal fue la de atrás, esa en la que hay que abrir el pasador de la puerta reja, pasar por el patio con la parra y abrir la puerta mosquitero para entrar por el lavadero y pasar después a la cocina.

Sobre Ortega y Gasset, casa de por medio, siempre estuvo el kiosco de Marta, salvo los domingos a la tarde, que se convertía en una persiana baja. El preámbulo del kiosco siempre era el primer cajón del mueble del comedor, donde estaba la plata. Cuando la abuela abría ese cajón venía el billete para ir al kiosco y comprarme el Topolino (el chupetín con sorpresa que debe ser el antecesor del huevo Kinder de hoy), o los Sugus sueltos, o más adelante el Tubby 4. Incluso hubo temporadas de verano, cuando ya tendría unos 12 años que me pasaba el día entero en el kiosco y ayudaba a atenderlo y hasta a ordenar la vidriera.

Ese mismo kiosco que no sé muy bien cuándo, se quedó congelado ahí, en un domingo a la tarde y ahora es sólo una persiana baja.

Así empezaron a aparecer otras imágenes de mi infancia, como la heladería Rochita, la casa de zapatillas Mendes, el kiosco de “la villa” donde íbamos a comprar las figuritas de E.T. -porque Marta no vendía figuritas-, el almacén de Don Pepe…

y me estoy preguntando si así como la parra del patio o el kiosco de Marta todo eso se habrá esfumado y está solamente en mi memoria.

o si todavía hay cosas que están o al menos han dejado algún rastro.

y ahí pensé: si sólo están en mi memoria, por cuánto tiempo más se quedarán ahí?

Me invadió una sensación que me llevó a comenzar a escribir, a hacer memoria, a tener ganas de buscar fotos, volver por esos lugares… a reconstruir mi camino.

Hoy a mis 30, casi 31 años me sorprendí con esta sensación, este sentimiento, que hasta ahora no lograba entender. Esa nostalgia que para mí era “cosa de viejos”.

Será que hoy, hace un rato, a eso de las 3 y media de la mañana, me hice viejo?

Capaz que ahora que soy viejo, puedo entender un poco mejor a mi abuela. Y darme la posibilidad de dudar que es realmente lo mejor para ella.

Regreso: Licuado

El título de hoy hace referencia a una anécdota de trabajo.

Una vez me pidieron que llevara para una reunión de trabajo creativa, un objeto con el que me identificara, y me aparecí en el lugar con la licuadora de mi vieja.

Adentro le había puesto imágenes y palabras recortadas del diario del día y un billete de dos pesos. En el momento que nos invitaron a mostrar el objeto y yo saqué la licuadora… me miraron como diciendo “a este pibe le falla”.

Lo que la licuadora significaba tiene que ver con una actitud hacia las cosas que siempre tengo. Siempre pienso que de los recursos que hay, poniéndole ingenio, mezclando bien, puede salir algo bueno. Tal vez no lo mejor del planeta, pero como hay cosas que son escasas como el tiempo, el dinero, etc. es algo más que bueno ante la escasez de recursos.

Eso puede aplicarse al trabajo, a la hora de ponerte en la cocina a inventar una receta con lo que hay en la heladera y en la alacena, o ahora, cuando me puse a escribir esto en el blog.

Tengo miles de fotos, videos para editar, no tantas cosas para contar, pero estuve con muy poco tiempo. Después del viaje recibí una paliza en el trabajo (no literalmente, pero estuve trabajando un promedio de horas diarias más que excesivo) pero por suerte todo salió bien, así que -espero no estar consolándome- valió la pena.Así que de a poco voy a estar volviendo al ruedo.

Hoy tengo para compartir esta foto, que saqué en un puesto de diarios en París, es la portada de una revista -que no compré, por mis obvias limitaciones con el francés y el precio en euros, no hacía sentido ninguno-. Pero pareciò sugestiva, al menos me llamó la atención.

Y en segundo lugar tengo un video que, nada que ver, hice con imágenes de cuando fui a Buenos Aires en octubre. Es un trabajo trunco, que no se si seguiré pero ya veremos.

Bueno, y antes de despedirme, les quería pedir perdón por la incomunicación de las últimas semanas, pero de verdad estuve bastante al horno en el laburo.Mara me llamó el sábado y estaba durmiendo, le dije que la llamaba y después termine saliendo, pero hoy la llamo.

A los demás, acuérdense que hay un número que no es 0800, pero tiene el costo de una llamada local, así que es totalmente accesible para llamar: 5169-3954 – con confianza que no les va a venir nada raro en la factura de Telefónica.Ah, y todavía me falta escribir y/o llamar para agradecer a todos los que gentilmente dieron hospedaje en los distintos lugares de Europa… y llamar a Diego y Mayte para ver como va todo… prometo ponerme al día, por favor, denme un voto de confianza 🙂

y disculpen por haber usado hoy la licuadora.

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Canciones fragmentadas

Canciones fragmentadas

Los que siguen son fragmentos de canciones que escuché mientras estaba en el avión. Lo que pasó fue que encendí el Ipod y lo primero que sonó fue : “lejos, lejos de casa, no tengo nadie que me acompañe a ver la mañana”.

Fue algo que encajaba perfecto con ese momento. Pero esperen, que no me puse depre, si no van a pensar que estoy con tendencias suicidas! Nada de eso.

Gracias por los mails que me mandaron diciendo “Arriba el ánimo” y esas cosas.

Estoy bien, quedensé tranquilos. Simplemente compartí un día de vulnerabilidad… quién no tiene un día vulnerable?

Bueno, volviendo al tema que nos tiene acá, me puse a pensar algo que es ABSOLUTAMENTE OBVIO.

Que las canciones muchas veces reflejan historias, y que muchas veces me sé las letras, las canto, pero no me pongo a pensar en que historia pudo haber detrás. Así que estuve prestándole atención a las letras, e imaginando las historias detrás de esas estrofas.

Dejé de lado canciones como “Una calle me separa” o “Bombón asesino”, y letras en inglés porque se me complicaba.

Acá mezclé fragmentos de distintas canciones, que probablemente conozcas y puedas identificar cuáles son.

Hasta la próxima!

.

Lejos, lejos de casa

no tengo nadie que me acompañe

a ver la mañana

qué andarás haciendo

hace ya algun tiempo

que no se de vos y lo siento

y en algunos rincones de mis sentimientos

cruzaré por las calles de mis pensamientos

guardare las angustias y malos momentos

como ahorro perdido en el banco del tiempo

solo tus canciones me parece escuchar

como cada ola de la orilla del mar

vienen un momento, mojan mis recuerdos

y despues se van

y pensar que escribiré solo pretextos

para no decirte que es lo que yo siento

no quiero nada

que nos haga mal

lo importante es amar

tan inmenso es ese abismo

lo importante es desear

y no ser un muerto vivo

es mejor perderse

que nunca empatar

mejor tentarse

a dejar de intentar

pero como hacer si el mundo

se sigue partiendo en dos

que hacer sino refugiarme

un poco en vos

no hay nada

que el tiempo amor

no cure y no lave

no hay nada en tu corazon

que algun dia no se quiera ir

eso que sangra en tu corazón

confiá, también te hara feliz

creo que morir

es una sensacion

creo que vivir

podria serlo pero es algo mucho mas real

nos queda el resto de la vida

no creo que haya una salida

creo que aun tal vez piensas en mi

creo poder captarlo

creo que con una cancion

la tristeza es mas hermosa

creo que con una palabra

puedo decirte cosas

a veces pienso que es mejor

darle al silencio la razón

a veces pienso que es mejor

que yo te de mi corazón

quiero vivir la vida tal cual es

dejar que mande el corazon

aunque no sepa que hay despues

no escucho y sigo

porque mucho de lo que está prohibido

me hace vivir

no esta bien romper un corazon

dejavú de lo que va a venir

no me persigo

porque mucho de lo que está prohibido

me hace feliz

Quiero verte la cara

brillando como una esclava negra

sonriendo con ganas

Voy a salir a caminar

y aunque es muy grande la ciudad

yo presiento que nos vamos a encontrar

Hoy, 20 de enero es el cumple de…

Hoy, 20 de enero es el cumple...

de Los Pitufos!!!

Pero eso no es nada, porque hace 31 años, justo cuando Los Pitufos tenían 19 años, nació RIQUI!!!

Ahora se sabe que Los Pitufos van a salir de gira por todo el mundo. Y por la coincidencia, Riqui está invitado a semejante evento.

“Veinte ciudades serán invadidas por Los Pitufos”, dijo a la prensa Véronique, la hija del creador “Peyo”, cuyo verdadero nombre era Pierre Culliford (1928-1992). “Pero la expectativa mayor es que Riqui se pintará de azul y entretendrá a los niños de todo el mundo” exclamó Veronique, muy emocionada.

Además, habrá famosos que decorarán pitufos de 1,50 metros de altura, que luego serán subastados a beneficio de Unicef. Y la artista Marta Minujín ya fue contactada para poner toda su creatividad y hacerle un body painting a Riqui, para un calendario que “se venderá en conmemoración y a total beneficio de los pebetes de todo el país” declaró Riqui hoy a la mañana en una entrevista exclusiva en Radio 10.

“La iniciativa culminará con la subasta del calendario de Riqui y producciones gigantes de Los Pitufos el 23 de octubre”.

Lo que viene. Además, en ocasión del 50 aniversario, un nuevo álbum, Los Pitufos y el libro que dice todo , será lanzado el 18 de enero con varias novedades, entre ellas la ausencia de “Papá Pitufo”, cuyo lugar será ocupado por el “Pitufo sabio” (protagonizado nada menos que por Riqui), y la multiplicación de personajes femeninos para acompañar a la hasta ahora única “Pitufina”.

En la foto, un niño pinta una figura de Papá Pitufo, y espera emocionado a que estén disponibles las de Papá Riqui.

Más información: www.happyschlumpftag.com

Gracias Totales

Mi visita a Buenos Aires (se dan cuenta? en Buenos Aires soy un visitante…) empezó el 21 de diciembre y me recibieron unos ¿hermosos? 35 grados al bajar del avión.

Peter me fue a buscar a Ezeiza y nos fuimos a ver el último recital de Soda Stereo previa escala en lo de Mara. (Seguro que no es el último, porque ya dijeron que era el último en el 97 y los vieron robando, pero no importa, estuvo muy bueno)

(Riqui, sé que no te gusta Soda pero también que los años te han dado un nivel de tolerancia mayor; no sólo los años, ser el padre de una niña hermosa también alimenta tus niveles de tolerancia con esas noches en que no te deja dormir… así que me imagino que a esta altura seguirás leyendo y no habrás desistido por el solo hecho de leer “Soda Stereo”)

Dijeron que esa noche se iba a caer el cielo, pero no paso más que de una ventolina fuerte.

Hoy, 9 de enero, estoy en un avión yéndome a Mexico. Todo lo que separó esa tarde del 21 de diciembre, de esta mañana de 9 de enero tiene que ver con el título de este post.

Y Soda sería lo de menos. Sirve simplemente como excusa para el juego de palabras.

No solamente fueron altas las temperaturas y las sensaciones térmicas de Buenos Aires. La temperatura siempre estuvo alta en el termómetro de la calidez humana.

Es por todo eso que hoy, cuando el remis que me llevaba al aeropuerto tocó el timbre, le pedí 5 minutos para terminar de vestirme y terminé quebrándome en el sillón y llorando… y los 5 minutos tuvieron que ser 15.

Este viaje tuvo una particularidad para mí, que puede ser insignificante para los demás, pero no para mí. No saqué ni una foto ni filmé un segundo de nada. Preferí llevarme los registros en mis pupilas, en mi cabeza, en mi corazón. Actitud egoísta, pero los quería para mí y nadie más.

Así que me llevo la compañía de muchos amigos en casi todo momento posible; el sabor de las comidas que compartimos (el asado, la fondue, la pizza a la parrilla, los banquetes de Miri, el helado…) pero sobre todo el sabor indescriptible de estar juntos; una otitis de tanta pileta; un poco de color del sol; un libro con dedicatoria; pelos de Catalina; el buen recuerdo de un fin de año bastante diferente.

Me quedé con ganas de encontrarme con gente que no pude ver . Xime perdoname! en la casa de mis viejos hay un regalito de Papa Noel para Dante y Marco. Marce, todavía te estamos esperando!

Me quedé con ganas de pasar más tiempo con algunos que estuvimos muy poco.

Me quedé con ganas de que algunas pocas cosas hubiesen sido diferentes.

Tengo en la boca todavía el sabor amargo de irme, como si hoy realmente me hubiera dado cuenta que me fui.

Como si hoy me hubiera caido la ficha.

Tengo todavía el sin sabor de no haber podido hablar algunas cosas, de seguir siendo un cobarde para afrontar otras.

Tengo la esperanza de que el libro que le regalé a mi vieja no le resulte tan indiferente como para no abrirlo nunca, porque si no lo abre, la dedicatoria que le escribí quedará en el olvido.

Espero que además de llevarme cosas, haya sido capaz de dejar algo.

Aunque sea estas líneas que tuve ganas de escribir.

No veo la hora!!!

No tengo más gans de trabajar, ni de pensar, ni de nada… tengo ganas de que sea viernes y viajar pra Buenos Aires!!!!!!!