Buenos Aires siempre estuvo cerca

Como deben estar diciendo allá con Valientes… MOMENTOS CULMINANTES… Ya me estoy por volver a los pagos… A partir de marzo me mudo, dejo Sao Paulo… Y creo que vuelve este blog aunque debería pensar como lo revivo… Tengo algunos pensamientos difusos, poco precisos… Ya se vera

Dejo fotos del casamiento de Peter

Anuncios

Gracias Totales

Mi visita a Buenos Aires (se dan cuenta? en Buenos Aires soy un visitante…) empezó el 21 de diciembre y me recibieron unos ¿hermosos? 35 grados al bajar del avión.

Peter me fue a buscar a Ezeiza y nos fuimos a ver el último recital de Soda Stereo previa escala en lo de Mara. (Seguro que no es el último, porque ya dijeron que era el último en el 97 y los vieron robando, pero no importa, estuvo muy bueno)

(Riqui, sé que no te gusta Soda pero también que los años te han dado un nivel de tolerancia mayor; no sólo los años, ser el padre de una niña hermosa también alimenta tus niveles de tolerancia con esas noches en que no te deja dormir… así que me imagino que a esta altura seguirás leyendo y no habrás desistido por el solo hecho de leer “Soda Stereo”)

Dijeron que esa noche se iba a caer el cielo, pero no paso más que de una ventolina fuerte.

Hoy, 9 de enero, estoy en un avión yéndome a Mexico. Todo lo que separó esa tarde del 21 de diciembre, de esta mañana de 9 de enero tiene que ver con el título de este post.

Y Soda sería lo de menos. Sirve simplemente como excusa para el juego de palabras.

No solamente fueron altas las temperaturas y las sensaciones térmicas de Buenos Aires. La temperatura siempre estuvo alta en el termómetro de la calidez humana.

Es por todo eso que hoy, cuando el remis que me llevaba al aeropuerto tocó el timbre, le pedí 5 minutos para terminar de vestirme y terminé quebrándome en el sillón y llorando… y los 5 minutos tuvieron que ser 15.

Este viaje tuvo una particularidad para mí, que puede ser insignificante para los demás, pero no para mí. No saqué ni una foto ni filmé un segundo de nada. Preferí llevarme los registros en mis pupilas, en mi cabeza, en mi corazón. Actitud egoísta, pero los quería para mí y nadie más.

Así que me llevo la compañía de muchos amigos en casi todo momento posible; el sabor de las comidas que compartimos (el asado, la fondue, la pizza a la parrilla, los banquetes de Miri, el helado…) pero sobre todo el sabor indescriptible de estar juntos; una otitis de tanta pileta; un poco de color del sol; un libro con dedicatoria; pelos de Catalina; el buen recuerdo de un fin de año bastante diferente.

Me quedé con ganas de encontrarme con gente que no pude ver . Xime perdoname! en la casa de mis viejos hay un regalito de Papa Noel para Dante y Marco. Marce, todavía te estamos esperando!

Me quedé con ganas de pasar más tiempo con algunos que estuvimos muy poco.

Me quedé con ganas de que algunas pocas cosas hubiesen sido diferentes.

Tengo en la boca todavía el sabor amargo de irme, como si hoy realmente me hubiera dado cuenta que me fui.

Como si hoy me hubiera caido la ficha.

Tengo todavía el sin sabor de no haber podido hablar algunas cosas, de seguir siendo un cobarde para afrontar otras.

Tengo la esperanza de que el libro que le regalé a mi vieja no le resulte tan indiferente como para no abrirlo nunca, porque si no lo abre, la dedicatoria que le escribí quedará en el olvido.

Espero que además de llevarme cosas, haya sido capaz de dejar algo.

Aunque sea estas líneas que tuve ganas de escribir.

Postal porteña

Es increíble pero es Buenos Aires. Domingo pasado a la tarde. Una señora, paseando en un cochecito de bebé a UN PERRO!!!

No sabemos si es la mucama que saca a pasear al perro de la casa,

o la dueña directamente,

si el perro es un pancho malcriado,

o pobrecito está paralítico…

pero se lo veía feliz.